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martes, octubre 03, 2006

Marcos Ghio y Horacio Calderon: LOS DIALOGOS CON EL ISLAM EN EL CONTEXTO DE LAS CONTRADICCIONES

De gibelinos y guelfos en el siglo XXI:

Marcos Ghio y Horacio Calderon:
LOS DIALOGOS CON EL ISLAM EN EL CONTEXTO DE LAS CONTRADICCIONES ENTRE EL MUNDO MODERNO Y EL MUNDO TRADICIONAL.

Debate originado por la conferencia del Papa Benedicto XVI:

DEBATE SOBRE LOS DIALOGOS CON EL ISLAM.

EN EL CONFLICTO ENTRE EL MUNDO TRADICIONAL Y EL MUNDO MODERNO, RATZINGER SE UBICA EN ESTE ÚLTIMO BANDO.

Guerra de civilizaciones
EL PAPA Y EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO.

Por
CENTRO DE ESTUDIOS EVOLIANOS (Marcos Ghio). jevola@ciudad.com.ar

Sumamente sensatas han sido las manifestaciones del n° 2 de Al Qaeda, Al Zawahiri, relativas a las declaraciones del Papa respecto del Islam. ¿Cómo es posible, se pregunta el egipcio, que justo en el momento en el cual el “occidente cristiano” invade y masacra a los pueblos islámicos sin que éstos lo hubiesen atacado previamente, salvo en el hecho de no haber querido practicar la religión democrática que éste expande coercitivamente por el mundo y en consecuencia no quererle obsequiar su petróleo a fin de subvencionar el bienestar del “primer mundo”, cómo es posible, se pregunta siempre, que al papa no se le ocurra otra cosa que acusar al Islam de violento? ¿Acaso ha dicho algo en relación a la reciente ley del parlamento norteamericano legalizando la tortura para con los prisioneros de guerra, es decir violando abiertamente las Convenciones de Ginebra? ¿Quién es el violento? ¿No es más repudiable la violencia del más poderoso, más aun si éste se reputa cristiano como el mismo papa? ¿Por qué no empieza entonces por condenar la violencia que existe entre quienes veneran a su mismo Dios antes que hacerlo con la de otros?
Por otro lado no puede argumentar el papa, tal como ha hecho, respecto de la irrelevancia de sus declaraciones por haber proferido sus conceptos sobre el Islam en un discurso académico en una universidad de teología y no para el gran público. Debe recordar siempre que él ya no es más simplemente el teólogo Ratzinger cuyas expresiones podían o no afectar la doctrina de la Iglesia católica. Es Benedicto XVI cuyas declaraciones siempre son públicas y comprometen la opinión de la institución que preside aunque las hubiese efectuado en un cenáculo cerrado.
Pero a nuestro entender hay algo más importante en todo esto y que escapa absolutamente a una cuestión de ingenuidad, distracción u oportunidad. Tales declaraciones, al menos agresivas hacia el Islam, han sido hechas ex profeso del mismo modo que el papa ex profeso también ha evitado puntualmente disculparse por las mismas, escudándose falsamente en el carácter irrelevante de éstas. Aquí es dable encontrar dos razones concurrentes para explicar los motivos del pretendido exabrupto papal. En primer lugar que Ratzinger sabía anticipadamente que iba a despertar reacciones en su contra, tenía ante sí el ejemplo del hindú Rushdie con lo que le sucediera con sus “Versos Satánicos” en donde también se atacaba al Islam. En este último caso se trató de un ignoto escritor quien, gracias a la condena a muerte recibida por parte del Ayatollah Khomeini, saltó de golpe a la fama y sus monótonos libros se convirtieron prontamente en best sellers. El caso del papa guarda una gran similitud. Ha logrado de este modo alcanzar un mayor protagonismo en una época signada por una guerra de civilizaciones* en donde la Iglesia parece tener un papel subordinado a la zaga de otros. Y justamente porque de lo que se trata aquí es de una guerra de civilizaciones y no de religiones, lo lamentable en este caso es constatar de qué lado se ha puesto la Iglesia católica. Repitiendo una vez más la misma experiencia que nos cupiera vivir a nosotros en la guerra de Malvinas, el papado romano se ha ubicado en la misma trinchera del occidente moderno, en ese entonces representado por Reagan y Margaret Tatcher, del mismo modo que hoy se pone del lado de Bush y de Blair y en contra de Bin Laden y de Ahminajedad. Es decir se enuclea del lado de aquella civilización que ha repudiado el legado de su tradición greco-romana-católico medieval, que él en cambio debería representar y defender, sosteniendo de esta manera un mundo de consumos superfluos, de masas, de democracias, de materialismos como aquel en que vivimos. Así como en nuestra epopeya malvinense el pontífice romano impulsó la paz a cualquier precio, es decir la rendición a Gran Bretaña y la secuela democrática consecuente que hoy padecemos los argentinos, del mismo modo es como no censuró nunca ni condenó la invasión a Afganistán y a Saddam Hussein, de la misma manera que a Galtieri, le aconsejó desarmarse “para no ser invadido” y para no padecer daños mayores, facilitando así la ocupación de su país por parte de Norteamérica. Al respecto cabe preguntarse: ¿puede haber tenido Irak un daño mayor que la actual “democracia” con su guerra civil incluida? Y la República Argentina: ¿podría haber conocido algo peor que aquello que nos propuso entonces el pontífice? Y hoy, en consecuencia estricta con tal política favorable al occidente moderno, descalifica al Islam tildándolo de irracional y violento, con la finalidad aviesa de extender tal conflicto a un plano religioso, cuando su violencia desde un plano moral está plenamente justificada, pues es en defensa de su dignidad ante la invasión extranjera.
Un capítulo especial merecen todos los actuales defensores del papa, los que pueden encontrarse en legión sea entre la intelectualidad liberal y judaica, como entre sectores católicos integristas de “derecha” o “nacionalistas” güelfos. En ambos casos, su apoyo es tan incondicional, que hasta lo terminan criticando por ser demasiado bueno, condescendiente y tibio para con el fundamentalismo pues, a pesar de haber estado en su más pleno derecho de decir lo que quisiese sobre el Islam (olvidando así que la opinión del papa no es una más entre otras), no ha hesitado en buscar una reconciliación y un pretendido pedido de perdón que en realidad, como sabemos, nunca se hizo. Por supuesto que a tales sectores poco le preocupan las matanzas que hoy padecen los pueblos islámicos por parte del “occidente” y sí de las pretendidas persecuciones que se harían como represalia a los pacíficos turistas y a los misioneros europeos.
Agreguemos por último que, cuando Ratzinger se refiere al Islam, por supuesto que lo está haciendo con su sector fundamentalista, sea chiita como sunnita, pues el otro Islam, el de los califas multimillonarios aliados de Norteamérica, debidamente domesticado en la modernidad, por supuesto que no es objeto de sus ataques ya que no es “violento”. Al respecto agreguemos que, como católicos que no nos sentimos para nada representados por este papa ni por el anterior, no podemos menos que felicitar sea al Ayatollah Khamenei por el lado chiita, como a Al Zawahiri, por el sunnita de Al Qaeda, por sus respuestas mesuradas ante la provocación a fin de no exacerbar una lucha interreligiosa totalmente inútil y estéril a la que en cambio nos quiere conducir Ratzinger. No llamaron en ningún momento a una venganza para con el papa, sino que simplemente pusieron el acento en su incompostura y en su doble discurso. En todo el mundo islámico la única reacción repudiable ha sido en Somalia en donde se mató a una monja católica, pero en seguida las Cortes Islámicas, expresión de Al Qaeda que gobiernan tal país, repudiaron el hecho.

· Aquí de ninguna manera nos estamos refiriendo a la teoría de la lucha de civilizaciones tal como la formulara Samuel Huntington, muy seguida por sectores católicos integristas y evidentemente también por Ratzinger. No se trata de una lucha entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán, sino entre mundo moderno y mundo tradicional. Entre un una civilización que ha puesto como eje al devenir, a la materia y a la economía y su opuesta que se cimienta en lo que no cambia, en el ser, en los valores espirituales. En esta perspectiva son modernos tanto Bush como el Vaticano y sectores islámicos aliados a Norteamérica como los regímenes de Egipto, Arabia Saudita y Jordania, y tradicionales pueden ser aquellos sectores fundamentalistas sea islámicos como católicos, como de cualquier otra religión.

Marcos Guio, Buenos Aires, 2-10-09.

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Comentario de Calderon a Guio:
CONSIDERA QUE EL CONFLICTO SE DA ENTRE LOS MODERADOS DEL CRISTIANISMO Y DEL ISLAMISMO Y LOS EXTREMISTAS DEL ISLAMISMO SIN CONSIDERAR EN QUE LADO QUEDA LA MODERNIDAD ATEA (Le falta contestar a ésta pregunta: ¿Es la invasión de Irak una respuesta desde la moderación cristiana?).
LA LECTIO MAGISTRALIS DE S.S. BENEDICTO XVI “Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones”.

Por HORACIO CALDERON, Buenos Aires, 2 de octubre de 2006.

LA LECTIO. EL AMBITO Y LA AUDIENCIA

El Papa Benedicto XVI dio el pasado 12 de septiembre una clase magistral en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, Alemania, de la que había sido catedrático y vicerrector, y que tuvo como título: “Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones”.

La lectio magistralis del Santo Padre dada a conocimiento público y que fue causa de una durísima polémica con sectores musulmanes es -cabe aclarar- una redacción provisional, que Benedicto XVI podría convertir en un texto definitivo, incluyendo tal vez notas al pie de página.

El sitio de la Santa Sede acaba de publicar la versión oficial completa en lengua castellana, que puede consultarse en:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg_sp.html
LOS PARRAFOS DE LA DISCORDIA

Las partes más importantes de la clase magistral del Papa, incluyen un diálogo entre el basileus -emperador romano de Oriente- Manuel II Paleólogo y un hombre culto, de origen persa, musulmán, de nombre Mouterises.

Aclara en su escrito Benedicto XVI que fue probablemente Manuel II quien anotó dicho diálogo, y que por eso se explica el que sus razonamientos hayan sido reportados con mucho más detalle que las respuestas del erudito persa.

Como afirma el mismo Papa en su lectio, el diálogo entre el emperador y Mouterises afronta el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, deteniéndose especialmente en la imagen de Dios y del hombre, como asimismo en la relación entre el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y El Corán.

Dice asimismo que quisiera tocar en la clase magistral un solo argumento -aclarando su condición de marginal en la estructura del diálogo- y que, en el contexto del tema “fe y razón” le había fascinado y que serviría como “punto de partida” para sus reflexiones sobre el tema.

“En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Theodore Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado”.

Ese párrafo del escrito del Papa hace alusión a la “guerra santa”, que no forma parte de los “pilares” o “columnas” del Islam (arkan al Islam), equivalentes a los Mandamientos para los cristianos. Dichos pilares son la profesión de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la
peregrinación, pero hay sectores extremistas -como los harigíes, entre otros- que desde hace mucho tiempo alientan la inclusión de la “guerra santa” -en su versión más violenta- como una sexta columna del Islam.

Yihad o “Guerra Santa”

La palabra “yihad” tiene para los musulmanes una doble significación, que se expresa de manera contundente en un jadiz (aforismo) de Mahoma que dice: “Hemos vuelto de la pequeña guerra santa a la gran guerra santa” (Radjâna min el-djihâdi-l-ásgar ila-l-djihâdi-l-ákbar). La guerra exterior (la militar) es la “pequeña guerra santa” mientras que la guerra interior (la conversión) es la “gran guerra santa”, siendo de importancia primaria con respecto a la primera.

Para los musulmanes no contaminados con la versión extremista de la “yihad”, la verdadera “gran guerra santa” es alabar a Dios, para alcanzar la claridad y la sabiduría, comprendiendo que los enemigos de la verdad están dentro de sus corazones.

Si bien es irrefutable que existe en el Islam y en la “yihad” un aspecto guerrero, es decir la “pequeña guerra santa”, la “gran guerra santa” equivale a conversión y a búsqueda de la paz interior.

Dice M. R. Bawa Muhaiyaddeen en “Islam & World Peace”, que “las «guerras santas» que los hijos de Adán están librando hoy en día, no son la verdadera guerra santa. El tomar las vidas de otros, no es el verdadero yihad. Tendremos que responder por esa clase de guerra cuando seamos cuestionados en la tumba”. Claro está que el pensamiento citado se encuadra en la espiritualidad de los sufíes y no en la doctrina de los asesinos de inocentes, de los decapitadores de Al-Qaeda y sus secuaces, formados en las escuelas más extremistas de Medio Oriente y algunos países asiáticos como Pakistán.

Es que los grandes ideólogos islamistas han tergiversando el sentido tradicional de la “guerra santa” definido por Mahoma, para adulterarlo y adecuarlo a sus propósitos, mediante la utilización de técnicas exegéticas que intentan justificar el asesinato de inocentes en nombre de una versión degenerada de lo que es el verdadero Islam.

El Santo Padre, en el contestado pasaje de su lectio magistralis sobre la razón y la fe, no ha procurado seguramente otro propósito que dirigirse a los instigadores y autores de asesinatos masivos, secuestros y crímenes de todo tipo, que incluyen a seres inocentes que profesan su misma religión. Un Islam que organizaciones como Al-Qaeda pretenden exaltar mediante el llamado a una supuesta “guerra santa”, que nada tiene que ver con los principios coránicos ni con las mismas enseñanzas y comportamientos de Mahoma. De ninguna manera quiso Benedicto XVI ofender a los fieles musulmanes amantes de la paz, que han sido manipulados mediante la tergiversación o errónea interpretación de sus dichos.

La lectio del Papa denuncia también el ateísmo o la descristianización occidental, que convierte a Occidente en un sujeto incapaz de diálogo.

Luego, afirma Benedicto XVI en cuanto al diálogo entre el basileus Manuel II y Mouterises:

“Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo:

«Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba».”

“De manera sorprendentemente brusca”, dice el Santo Padre -es importante recalcar esto- en un párrafo de la lectio y no en las explicaciones posteriores publicadas como respuesta al rechazo violento de sectores musulmanes. Debe sobreentenderse que si califica así el modo de expresarse del emperador es porque el Santo Padre no hace suyas esas palabras.

Benedicto XVI se refiere al emperador Manuel II Paleólogo sobre lo que sí es actual y acuciante, vinculado a la relación simbiótica entre religión y violencia, que tiene como protagonistas principales a organizaciones terroristas como la Red Al-Qaeda, el Hizballah libanés e incluso a actores como el guía espiritual de Irán, ayatolá Alí Jamenei.

Obviamente el Papa no deseaba con sus palabras agredir o provocar al Islam, porque de lo contrario jamás hubiera dicho posteriormente que estaba vivamente sentido por sus efectos, provocados por la manipulación mediática y la forma en que los islamistas explotaron cibernéticamente los párrafos sacados de contexto.

El deseo de Benedicto XVI fue llamar al diálogo sincero, rechazado de plano por sectores extremistas chiítas y sunnitas, que usaron las tergiversadas palabras del Papa para justificar futuros ataques terroristas en Italia. Esas amenazas no son nuevas, ya que la posibilidad de atentados en ese país -e incluso contra la Santa Sede- se anticipan desde hace años en escritos adscriptos a la apocalíptica subversiva islamista. Es notable el caso de “Al-Masih al-Dajjal” de Said Ayyub, publicado en 1987 -para citar solo un ejemplo- en el que adelanta momentos de triunfo para cuando “los cantos de batalla resuenen en Roma”.
ALGUNAS DISQUISICIONES SOBRE LA CLASE

Se han publicado numerosos comentarios y preguntas sobre si el Papa había hecho o no revisar su clase, que casi seguramente preparó en persona; nuevamente, se especuló con que Benedicto XVI carecía de un asesoramiento idóneo sobre teología islámica e incluso de no tener algún especialista cercano que atinara a advertirle sobre las repercusiones que podrían tener sus palabras en las comunidades islámicas.

Lo primero que debe tenerse en cuenta es que esto sucede en un momento de cambio en las relaciones entre la Santa Sede y el Islam y la "Umma" (comunidad islámica mundial), consideradas como laxas por quienes creen que la Iglesia Católica debería asumir una posición más firme frente al desafío y amenazas del terrorismo islamista contra las comunidades cristianas en todo el mundo, pero muy especialmente en Europa, donde incluyen planes que apuntan a la “reconquista” de España.

Están equivocados quienes han querido insinuar hasta de manera insultante y con caricaturas, que existe un ruptura brusca entre el largo pontificado de Juan Pablo II y el de su sucesor Benedicto XVI.

De hecho el actual Papa ha centrado su lectio magistralis partiendo nada menos que de la Encíclica de Juan Pablo II, “Fides et Ratio”.

El cambio de destino de un arzobispo como Michael Christopher -antes encargado de revisar y en ciertos casos corregir documentos y discursos que tuvieran que ver con el Islam- es una simple anécdota en la vida de la Iglesia. Un capítulo aparte es que ciertos detractores de este arzobispo, piensen que su tarea desdibujaba a veces los límites teológicos y filosóficos que separan a la Iglesia Católica de la religión islámica.

Benedicto XVI habría podido recurrir a otros ejemplos -y no involucrar al Islam- para referirse a los problemas entre razón y fe, si la clase de Ratisbona no hubiera tenido como uno de sus principales objetos la condenación de la violencia que ejercen los movimientos y grupos terroristas -que se dicen profesos musulmanes-, cuyos efectos son los crímenes aberrantes que los mismos cometen a diario en nombre de la religión.

Los párrafos vinculados al Islam abarcaron una parte importante de la lectio e incluso tuvieron un carácter introductorio al resto del escrito.

Benedicto XVI sabía lo que decía, cómo lo decía y qué podría suceder -al menos a corto plazo- en cuanto a las reacciones de los sectores extremistas y moderados del Islam. No en vano la Santa Sede cuenta con el mejor servicio de inteligencia del mundo.

Otro tema aparte fue la manipulación de sus dichos -como se dijo anteriormente-, pero jamás efectuó retractación alguna sobre las palabras cuidadosamente elaboradas de su lectio, las que mantienen rigurosamente su validez.

También resulta posible arriesgar que, luego de las primeras reacciones, los sectores musulmanes inclinados al diálogo, e incluso amenazados por movimientos terroristas como Al-Qaeda y el Hizballah y actores estatales como Irán, procurarán un acercamiento con el Santo Padre.

Afirmar que con el Islam no se puede dialogar no sólo es distorsionar la realidad sino una burda mentira. En todo caso la imposibilidad de diálogo está con los violentos, que se encuentran en todas las religiones, incluyendo el cristianismo.

De hecho y antes del resurgimiento del islamismo, impulsado en su versión más extremista a partir del advenimiento en Irán de la etapa histórica iniciada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, el autor de estas líneas fue observador ante un seminario de diálogo islamo-cristiano desarrollado en Trípoli, capital de Libia. Participaron en ese evento no sólo decenas de imanes, muftíes y pensadores musulmanes, sino también el entonces Subsecretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Sergio Pignedoli -ya fallecido-, acompañado de una importante comitiva de arzobispos, obispos y teólogos de la Iglesia Católica.

Una pregunta importante a hacerse es si un musulmán profundamente devoto, para quien la religión es muy importante en su vida personal, se sentaría a dialogar con un occidental que niega a Dios o es indiferente. Ciertamente no y resulta obvio que este es el mayor obstáculo que se presenta a Occidente en el diálogo con los sectores moderados de otras culturas profundamente religiosas; ni hablar desde ya con los más violentos.

Es muy difícil que un musulmán comprenda las explicaciones del Papa sobre el ateísmo occidental, pero en la práctica ellos perciben muy bien que al Occidente actual poco le interesa el tema de Dios. Es lo que Occidente mismo hace propaganda de sí; un mundo secularizado al que poco o nada importa lo religioso.

La lectio habla de la crisis de la Universidad -fruto del Medioevo cristiano que surgió con el Trivium y el Quadrivium-, que es también la crisis del Occidente actual, sumergido en la nihilidad, cualidad de no ser nada.

La Cristiandad universal y europea impregnada del sello indeleble de una religiosidad tajante, inconmovible, hidalga, militante y combativa ha quedado sin dudas reducida a cenizas. Cristiandad que supo librar una guerra de ocho siglos, cuando el catolicismo en armas fue sinónimo de Lepanto y una de las formas de llegar a Dios por la milicia, como ocurrió recorriendo el camino heroico de la tradición de la Madre Patria. Esa España a la que el extremismo islámico desea “reconquistar” para sumarla como una perla más a la corona de su soñado califato global.

Miremos y comparemos la enorme decadencia moral de este Occidente al borde del suicidio, con aquellos reyes que supieron defender la Cristiandad y legarnos a los hijos de la Hispanidad el espíritu de esos lejanos tiempos en que el Imperio era un pedazo de Occidente, ese Occidente que debemos reconstruir y restaurar, no sólo espiritual sino también materialmente.

¿Qué frutos puede uno esperar por parte de una dirigencia que ha renunciado, por temor o conveniencia, al reconocimiento de las raíces cristianas de Europa, fundiendo con desprecio de la Historia, las soldaduras que con tanta sangre y sacrificio se lograron en incontables batallas libradas bajo el signo de la Cruz?

Esperar frutos de un árbol seco y carcomido hasta sus raíces, es como pretender que un edificio pueda sostenerse sin basas ni pilares. Poco o nada podrá en consecuencia lograrse, sin la restauración de la Cristiandad, que no es otra cosa que el imperio de la Realeza Social de Jesucristo y la impregnación evangélica del orden temporal.

A conmover lo que queda de nuestra destruida Cristiandad ha apuntado, certeramente, la lectio magistralis de Benedicto XVI.

En cuanto a los musulmanes, lo importante de su mensaje es sumar al diálogo a los moderados y aislar a los violentos, premisa fundamental para sentarse a la mesa de conversaciones con representantes del Islam.

“Logos” de los católicos y “logos” de los musulmanes

Dice el Santo Padre: “En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran «logos», esta amplitud de la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente”.

Resulta sin embargo importante señalar que para los musulmanes, el “logos” es El Corán y no Mahoma, quien para su fe es “El Mensajero” de Alá.

También, que para los musulmanes no existe separación entre fe y razón, y que algunas de las escuelas jurídicas (madhabs) del Islam sunnita no admiten la analogía ni la interpretación lógica (ichtihad).

La invitación de Benedicto XVI a encontrar en su contraparte islámica ese gran «logos», habrá de enfrentar numerosos escollos en algunos sectores del Islam, pero será aceptada por otros; aquellos cuyos máximos teólogos posean la misma amplitud de criterios y sabiduría del culto persa Mouterises, cuando dialogaba con Manuel II Paleólogo.

La Universitas y el “Logos”

La palabra “universidad” es la última del discurso en su original italiano y de ahí la importancia que da a la misma el Sumo Pontífice: “Redescubrirla constantemente nosotros mismos es la gran tarea de la universidad”. Esto es para el Santo Padre el “logos”, la vastedad de la razón.

Hace así referencia al verdadero mal que aqueja a Europa y a la universidad -que es en definitiva el ámbito en que se plasmó la Europa cristiana- invitando a redescubrir sus fuentes, a revitalizar sus raíces, a que no traicione su identidad, como está sucediendo desde hace décadas y cuyos resultados están a la vista.

Hay también en este aspecto una continuidad sustancial en el pensamiento en materia de diálogo interreligioso entre Juan Pablo II y Benedicto XVI, en razón de que la lectio se centra en la encíclica “Fe y Razón”, como ya se mencionara.

Benedicto XVI habló a una audiencia cristiana, que cree en la Encarnación, pero que modernamente vive desencarnada del Logos (de Jesús, del Evangelio); es decir, como si fuese atea y por lo tanto incapaz de dialogar y de fomentar un diálogo. Está llamando a redescubrir la Universitas, origen del Occidente cristiano; es decir, ese obrar con la razón, manifestado por el diálogo entre razón y fe.

Esa inmensa tarea deberá incluir a las universidades pontificias, carcomidas por profesores alineados con las corrientes teológicas progresistas que llevan a las almas por el camino del ateísmo y hasta de la apostasía; enemigos dedicados en tiempo completo a derrumbar la vida religiosa y a destruir la misión de refundar una verdadera cultura cristiana como ejercicio de las más profundas actitudes creativas.

Si no se redescubre la Universitas de la Iglesia, no habrá tampoco rescate del clero católico, ni de la liturgia, ni de la doctrina -que es inmutable porque solamente la Iglesia es depositaria de ella-, ni de la educación católica, ni de la disciplina religiosa, ni de la práctica de todas la virtudes, ni del fomento de la vida sacramental. Ni hablar mucho menos de la Contemplatio, que Guido II, el Cartujo, define en la Scala Clastrialium como “un elevarse del alma por encima de sí, permaneciendo como suspendida en Dios y saboreando las alegrías de la dulzura eterna”.

No habría tampoco tripulantes fieles en la larga travesía de la barca de Pedro por lo que queda de tiempo de su ya largo peregrinaje. Reinarían en consecuencia los heterodoxos de todo tipo y en especial aquellos que quisieran ver a la Iglesia reducida a un puro papel mundano asistencialista y, de ser posible, atada a la autoridad de los gobiernos terrenales, como si Jesucristo hubiese venido al mundo y a morir en la Cruz para instalarnos mejor o más cómodamente en él, en lugar de anunciarnos que El había vencido al mundo, o que los enemigos eran “el mundo, el demonio y la carne”.

El mensaje del Santo Padre debería ser tenido muy en cuenta por la facción de los intrigantes habituales, para quienes toda obediencia al Papa es un obstáculo insalvable a sus designios oscuros, de poca vida y corta aspiración.

El Evangelista dice que “en el principio era el Logos y que el Logos era Dios”. Hay un encuentro entre el pensamiento griego y el mensaje bíblico que no es una pura casualidad, sino que lo utilizó Dios para revelarse al modo humano, para comunicarse a los hombres al modo de los hombres. ¿Como?: por medio de la Palabra. La Encarnación es el Diálogo entre Dios y la Humanidad. Entre dos seres intelectuales. Es el arquetipo de todo diálogo, en el que se deben fundar todos los otros diálogos.

Benedicto XVI lo denuncia en uno de los principales párrafos de su clase: “Por honradez, en este punto es preciso anotar que, en la tardía Edad Media, en la teología se desarrollaron tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraposición al así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un
planteamiento voluntarista que, tras sucesivos desarrollos, llevó al final a la afirmación de que sólo conoceríamos de Dios la «voluntas ordinata». Más allá de esta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho.”

La decadencia está marcada por una corriente “voluntarista” que termina por poner dos voluntades en Dios de las cuales sólo conocemos una, que es la que reveló, pero existiría otra voluntad imposible de conocer por la cual Dios podría hacer las cosas exactamente al revés o contrarias a cómo las reveló. Si se aceptara esto estaríamos frente a un Dios que es pura voluntad y amigo de contradicciones. De aceptarse el absurdo, Dios podría revelar Mandamientos exactamente contrarios a los conocidos por la Revelación. Se destruye en este caso toda verdad y todo bien objetivo, toda moral y toda ética, la razón, el sentido común y también el orden natural.

Se pone una tal trascendencia y diversidad en Dios, de manera que nuestra razón y nuestro sentido de bien y de verdad no son más un verdadero espejo de Dios (se rompe la analogía porque ya no se puede ir con seguridad de las creaturas a Dios). Es interesante en el libro del Génesis comparar el proyecto de Dios con el del diablo (el mono de Dios). Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (la analogía es semejanza); en vez las palabras con las cuales la serpiente tienta al hombre: "...seréis como dioses, conociendo el bien y el mal", propone a los hombres un identificarse con Dios.

San Agustín y Santo Tomás de Aquino son claros exponentes de una filosofía del ser realista, que permite explicar la suma trascendencia e inmanencia divina a partir de un claro concepto de creación (creación ex nihilo) y de distinción de las operaciones divinas internas (ad intra) y externas (ad extra) salvando por un lado la distinción real entre Creador (ipsum esse subsistens) y creatura (id quod habet esse participatum) por la cual nunca se los puede identificar (cosa que sucede en el inmanentismo); y por otro lado dejando el camino abierto para que el hombre se remonte a Dios desde las creaturas por la analogía del ser.

Ya desde el inicio de la lectio el Papa encara el tema del diálogo entre Fe y Razón: “Sin duda, la universidad también se sentía orgullosa de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, realizan un trabajo que necesariamente forma parte del "todo" de la universitas scientiarum, aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón no se alteró ni siquiera cuando, en cierta ocasión, se supo que uno de los profesores había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía, de Dios. En el conjunto de la universidad existía la convicción, que nadie ponía en discusión, de que incluso frente a un escepticismo tan radical seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que se debía hacer en el contexto de la tradición de la fe cristiana”.

El Santo Padre hace referencia a la universidad (ciencias, es decir la razón); a sus dos facultades teológicas (fe); a la correlación entre la fe y la razón (tarea del teólogo); y por último a la cohesión interior en el cosmos de la razón por el cual no se veía vano el interrogarse razonablemente sobre Dios (afirmación que contrasta con todo ateísmo e indiferentismo religioso).

Benedicto XVI insiste en el diálogo como lo hace con la introducción del que mantuvieran el emperador bizantino y el persa. Caratula ambas personas con adjetivos positivos y aptos para el diálogo (docto, culto). La mención del lugar del encuentro entre Manuel II Paleólogo y Mouterises fue Ankara, en la actual Turquía, país con un movimiento islamista creciente; aunque hoy y por el momento es moderado, debe destacarse que fue el primero en reaccionar después de la clase del Papa.

La delicada visita del Santo Padre en noviembre a Turquía podría ser una excelente ocasión para hacer un discurso claro sobre las relaciones entre Islam y Cristianismo.

El diálogo entre el emperador y Mouterises tuvo lugar en una época donde los ánimos estaban aún sensibilizados, porque doscientos años atrás habían terminado las Cruzadas y existían causas más que suficientes para odios, resentimientos y recelos; sin embargo hablan, y discuten hasta bruscamente; claro, uno era docto y el otro era culto. El Papa dice expresamente en la lectio que tocará un solo argumento y que es marginal en la estructura del diálogo entre el emperador cristiano y el persa. Lo hará en el contexto del tema de fe y razón y serán reflexiones personales.

Otro aspecto a mencionar es que utiliza un ejemplo que ya fue publicado por ese profesor; es decir, fue dicho tiempo atrás y él solo lo cita, pero hay que destacar que nadie se enojó en su momento con el profesor Theodore Khoury. Y aquí es interesante señalar que el ejemplo de la discordia no fue nunca identificado con el pensamiento del profesor Khoury. ¿Por qué entonces ahora intentan identificarlo con el pensamiento del Santo Padre?

Es claro que el Papa usa el ejemplo citado para criticar primero todo tipo de violencia en las religiones, en el cual entra el concepto de yihad violenta -criticada también por los musulmanes fieles al mensaje (El Corán) y al mensajero (Mahoma)- y todos los tipos de extremismos que existan como fruto de interpretaciones desviadas de la religión.

Pero también su lectio denuncia al Occidente moderno -plagado de violencia- que necesita como el Islam volver a sus orígenes para redescubrir ese diálogo entre la fe y una auténtica razón abierta a lo trascendente.

Benedicto XVI parece entender la inmanencia como un proceso de alejamiento del Logos de la cultura cristiana moderna, rompiendo la síntesis entre fe y pensamiento griego purificado y potenciado por la revelación positiva divina (“Logos”). Esta destrucción de la Revelación positiva con falsos postulados, lleva a la humanidad a un estadio primitivo de no revelación por la tal trascendencia divina, en la cual Dios ya no importa; indiferencia total porque es mínimo e insignificante lo que de El podemos conocer. Así, el hombre se vuelve regla de sí mismo y queda librado a su subjetividad.

El divorcio entre fe y razón o deshelenización se ha dado según el Papa en tres oleadas:

Primera oleada

La deshelenización se da primero en el contexto de los postulados fundamentales de la Reforma del siglo XVI. La fe revelada está condicionada por la razón. La teología reducida a un pensamiento humano. La fe es insertada en una estructura de pensamiento filosófico. Y con el principio de Sola Scriptura se intenta descubrir la fe primordial.

Segunda oleada
La teología liberal de los siglos XIX y XX acompaña la segunda etapa del proceso de deshelenización, con Adolf von Harnack, autor de la Escuela liberal desde los presupuestos del racionalismo tardío, quien contribuyó a la antigua búsqueda del Jesús histórico. Lo mismo que se operó en el primer paso respecto a la fe en general ahora se focaliza sobre la persona de Jesús. La idea ya no es encontrar la fe primordial, sino el Jesús primordial (deshelenizado, desmitologizado) para lo cual por principio niegan todo lo que es divino en El. Es decir, atacan el misterio del Verbo Encarnado (sobre todo negando el aspecto divino). Jesús sólo tiene un mensaje moral humanitario (En la Encíclica Deus caritas est, Benedicto XVI distingue la caridad cristiana de la pura filantropía).El Santo Padre ya había hecho referencia a ese teólogo liberal, denunciando que carece de fundamento la interpretación individualista de esa Escuela -sobre todo en algunas conferencias de Von Harnack- del anuncio del Reino hecho por Cristo. Afirma Benedicto XVI en su catequesis del 15 de marzo de 2006: “La Iglesia, presencia de Cristo entre los hombres”: “En realidad, este individualismo de la teología liberal es acentuado particularmente en la modernidad: en la perspectiva de la tradición bíblica y en el horizonte del judaísmo, en el que la obra de Jesús se enmarca a pesar de toda su novedad, queda claro que toda la misión del Hijo hecho carne tiene una finalidad comunitaria: vino precisamente para unir a la humanidad dispersada, vino precisamente para reunir al Pueblo de Dios”.
Lo mismo que se operó en el primer paso respecto a la fe en general ahora se focaliza sobre la persona de Jesús. La idea ya no es encontrar la fe primordial, sino el Jesús primordial (deshelenizado, desmitologizado) para lo cual por principio niegan todo lo que es divino en El.
La persona de Jesús (el Logos Encarnado) es sometida en definitiva a estudios según los parámetros críticos kantianos; es decir, bajo la lupa de la razón práctica (método histórico-crítico, que sirve para desmitologizar -palabra derivada del alemán Entmythologisierung- a Jesús y desmitologizar el Evangelio). La sola reducción de lo científico a la razón práctica es la autolimitación moderna de la razón, que es inmanente (no abierta a la trascendencia).

Tercera oleada

Esta última oleada es para el Santo Padre la que se está difundiendo actualmente y que consiste en el intento de destruir la síntesis de fe y razón que se dio entre el helenismo y la Iglesia antigua, con el simple argumento de que fue el resultado de una primera inculturación, que no debería ser vinculante a las demás culturas. De esta manera se intenta volver atrás, buscando una especie de inculturación original, con el objeto de descubrir el mensaje fundamental del Nuevo Testamento y poder sí después inculturarlo nuevamente en los distintos ambientes particulares.

El Santo Padre califica esta tesis como “torpe e imprecisa”, ya que lo que se pretende romper no tiene el valor temporal de una “moda”, sino que corresponde a la naturaleza del diálogo entre fe y razón y por lo tanto pertenece a la fe misma y es válida para todos los tiempos.

“En efecto -afirma Benedicto XVI-, el Nuevo Testamento fue escrito en griego e implica el contacto con el mundo griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento”. “Ciertamente -concluye el Santo Padre-, en el proceso de formación de la
Iglesia antigua hay elementos que no deben integrarse en todas las culturas. Sin embargo, las decisiones fundamentales que atañen precisamente a la relación de la fe con la búsqueda de la razón humana forman parte de la fe misma y son sus desarrollos, acordes con su naturaleza.”.

El problema del Occidente actual, que intenta reinterpretar al cristianismo, olvidándose del Logos -es decir de la Palabra, de Jesús, del Evangelio- es de alguna manera análogo a quienes pretenden subvertir el Islam y reinterpretarlo de acuerdo a las necesidades de la agenda yihadista global, para justificar e incitar la matanza de inocentes.

En un agudo comentario suscripto por el Dr. Luis María Bandieri -autor de muchos escritos sumamente interesantes- en un mensaje difundido en Internet, titulado “Cuando el diálogo es puro verso”, este intelectual afirma -con referencia al conflicto suscitado por la lectio del Santo Padre-, que Benedicto XVI convocó a un diálogo, tal como el desarrollado entre el basileus y el persa culto. “Un diálogo -esto es, a través del logos- supone que los dialogantes tienen una identidad, que no ocultan. Y esa identidad tiene que estar en claro, porque, si no, ¿con quién estoy hablando? ¿Con un agente encubierto? Bandieri se hace estas preguntas y afirma que “la clarificación de la identidad permite el respeto mutuo. De otro modo hay ocultamiento y simulación”.

La evolución de los acontecimientos en las próximas semanas, permitirá determinar quiénes están dispuestos a sentarse a la mesa del diálogo propuesta por el Santo Padre y quiénes no.

Después de todo, los musulmanes amantes de la paz -la inmensa mayoría del Islam- son los blancos permanentes del odio de las organizaciones yihadistas, como demuestra la dramática situación en Irak, que amenaza expandirse a otras regiones. Y hora es sin duda que dentro de la comunidad islámica mundial (Umma) comiencen a generarse y reproducirse los anticuerpos que acaben con la infección del terrorismo que amenaza -de alguna manera potenciado por la crueldad y los errores del Occidente ateo y nihilista- contaminar al conjunto de mil trescientos millones de almas.

Otra misión de la Iglesia Católica, de este Papa y de aquellos que lo sucedan, será lograr el reverdecer del Occidente cristiano y la impregnación del Evangelio a escala universal.

Es claro que nuestro combate no puede desarrollarse con las fuerza de las armas, porque las fuerzas católicas están desarmadas y al borde de ser arrojadas nuevamente a las catacumbas, sino con la oración y la acción que permitan plasmar poco a poco la Restauración de la Cristiandad.

Cristiandad que tampoco podrá ser una realidad en la vida de las naciones, si no se restaura también la Santa Iglesia Católica, cuya barca navega en aguas turbulentas, cargada de saboteadores y polizones.

Vemos como esa nihilidad mencionada en algunos pasajes de este documento, tiene como principales características la renuncia a la más alta concepción de la vida, del orden, del honor, de la acción y del mismo combate.

Se impone por delante, en consecuencia, el mayor de los desafíos que ha enfrentado la Cristiandad a lo largo de los siglos, porque la subversión ha logrado plasmar la sustitución de lo
superior por lo inferior, y el desprecio por el Orden Social y todo principio de autoridad en el mundo social e histórico de los tiempos actuales.

Ese desafío es "instaurar todas las cosas en Cristo", para forjar "la paz de Cristo en el Reino de Cristo".

Esa es la enorme misión del combate heroico que nos espera en el futuro, porque como decía Marcel de Corte: “Sobre nuestras espaldas descansa ya el aplastante peso de la Naturaleza y de la Gracia desnudas, ofrecidas sin protección -salvo la de Dios- a todos los asaltos de una civilización mecanizada. Esa fidelidad en lo eterno, en la Naturaleza y en la Gracia, preparará la eclosión de una civilización y de una cristiandad nuevas”.

El Santo Padre Benedicto XVI acaba de señalar en su lectio magistralis “Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones”, cuáles son los primeros pasos a dar para el despertar de una adormecida Cristiandad.
HORACIO CALDERON, Buenos Aires, 2 de octubre de 2006.

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Hay que fijarse en cuales son los musulmanes con los que acepta dialogar el Papa.
Respuesta de Guio a Calderon: 3-10-2006.
En respuesta a la larga nota que el Sr. Calderón dice dedicarme, pero que en realidad pareciera tratarse de un material enviado a un concurso de erudiciones, quiero destacar que, a pesar de lo dicho en su introducción en donde únicamente hace referencia al comunicado del Centro de Estudios Evolianos, en lo que luego sigue podemos decir que coincide plenamente con los conceptos principales que en el mismo se han vertido.
Benedicto XVI, como bien dice Calderón, en su alocución en la Universidad de Ratisbona, cuando ha calificado al Islam de violento e irracional lo ha hecho exclusivamente en relación al fundamentalismo, sea en su vertiente chíta cuya expresión más significativa es el Hezbollah, como sunnita cuya expresión es Al Qaeda. Efectivamente es el Islam molesto para los norteamericanos y "occidentales", sumamente peligroso para sus intereses y que, a diferencia del pacifista, del sostenedor de la mera guerra santa interior que reivindica Calderón, le hace la guerra efectiva a dichos intereses. Por ello el papado romano ha seguido una vez más una línea consecuente de total alineamiento con los mismos, tal como nosotros lo hemos vivido en la guerra de Malvinas. No veo por qué debemos dialogar con el primer sector afín con los occidentales y no con el segundo. Vuelvo a destacar lo paradojal de la actitud agraviante del papa que, en pleno genocidio de musulmanes en Medio Oriente, Irak y Afganistán entre otros lugares, los califica de violentos. Ante ello reivindico en cambio la actitud pacífica y dialoguista de Al Zawahiri de Al Qaeda que, en vez de responder al agravio con otro semejante, invita humidemente a Su Santidad a abandonar a tales aliados. ¿Por qué Calderón no se suma él también a tal pedido?
Por último rechazo haber ofendido al Sr. Calderón, si por ofensa el mismo se refiere a haberle refrescado la memoria de lo que dijera en oportunidades pasadas cuando reivindicó el atentado de las Torres gemelas atribuyéndoselo al gobierno alemán (???), así como también haber recordado cómo años atrás, a diferencia de su actual alineamiento con el "occidente" yanquizado, él llamaba junto a Khadafi, el Erp y Menem (???) a destruir sus principales ciudades. Tal como estamos acostumbrados los argentinos (y Menem nos lo ha enseñado sobremanera) simultáneamente con los tiempos muchas personas también cambian y lo que hemos hecho no ha sido ofender, sino tan sólo refrescar un poco la memoria.
Atentamente.
Marcos Ghio

1 comentario:

Horacio dijo...

De HORACIO CALDERON. Comentario a la nota de Marcos Ghio sobre mi supuesta acusación contra el gobierno alemán en cuanto a los ataques del 11 de Septiembre de 2001. No existe ningún documento ni declaración del suscripto que ratifique esos dichos. Sí he escrito y hecho declaraciones sobre la denominada "Celula de Hamburgo", que operaba en esa ciudad alemana, pero que nada tenía que ver con el gobierno del país. Esta célula operaba en un departamento en la calle Marienstrasse 54 de Hamburgo. Entre mis principales fuentes se encontraba el fiscal general de Alemania, Kay Nehm, quien en su momento manifestó que todas las pistas de los atentados cruzaban el Atlántico y terminaban en ese departamento, llamado por sus habitantes "la casa de los fieles". Concentraron sus actividades en Hamburgo: Mohammed Atta, llegado de Egipto, Marwan Al-Shehhi de los Emiratos Arabes y Ziad Jarrah de El Líbano. Fueron tres de los cuatro pilotos suicidas que estrellaron los aviones en Estados Unidos, que habían vivido en Alemania como estudiantes de la Universidad Técnica de Hamburgo. Mohammed Atta, el líder del grupo suicida que atacó el 11 de septiebre de 2001, llegó a Alemania en 1992 para comenzar sus estudios de urbanística en Hamburgo.
Con respecto a la "casa de los fieles" Atta funda con sus amigos un grupo comunitario extremista islámico y se muda al departamento de la calle Marienstrase 54, junto con otros dos estudiantes : Said Bahaji y Ramzi Binalshibh, acusados después de estar implicados en los atentados en territorio estadounidenses. De ahí el nombre de "célula de Hamburgo". Sinceramente, resulta imposible localizar un escrito o declaración que se preste a tal confusión: asociar a Alemania con una célula que operaba en su territorio. Con referencia a supuestos aplausos ocurridos en Libia en cuanto a atacar ciudades estadounidenses, ello no se ajusta a la realidad. Sin embargo, por ser biógrafo del coronel Muammar Khadafi y haber escritos dos libros sobre su líder y la doctrina denominada "Tercera Teoría Universal", además de dado numerosas conferencias sobre esos temas, hay suficiente material para evaluar mi pensamiento en la materia. Por no ser alguien que borre con el codo lo que escribe con la mano, desde ya ratifico lo escrito. Si posteriormente pudo haber un cambio en el pensamiento y acción, como correctamente menciona el Sr. Guio, ha sido porque las obras se escribieron durante la llamada "Guerra fría" y no había estallado el terrorismo islamista con alcance global, encabezado actualmente por la sunnita Al-Qaeda y el chiíta Irán, junto a su válido, el Hizballah libanes. Cordialmente.

Horacio Calderón